Violencia en las escuelas

 

En las escuelas todo ha cambiado. Hoy en día nos encontramos con otro escenario dentro del aula. Antes los alumnos que se portaban bien eran los elegidos para pasar a la bandera; hoy pasar a la bandera es visto como un castigo impuesto. Tenemos que preguntarnos ¿qué está pasando? Maestros que renuncian, o terminan de dar clases y asisten al psicólogo. Otros son amenazados e incluso maltratados por sus alumnos.

 

En una oportunidad estaba charlando con una directora en su oficina, cuando de repente  una señorita interrumpe nuestra charla diciendo: “Señora directora ¿podría decirle a Fernanda que me deje de escupir que no puedo terminar de dar la clase?”. Esto me sorprendió y pensé mientras miraba esa escena que antes jamás se hubiera pensado en hacer algo semejante. Estamos en una época donde todo es acelerado y eso nos ha cambiado bastante. Esta nueva generación de lo “instantáneo” presenta nuevas necesidades. Pero también enfrentan nuevas problemáticas, las cuales son desconocidas para muchos de nosotros. Podemos ver como los alumnos intentan dominar las situaciones. Existe una puja de poder entre los maestros y los alumnos, por mostrar quien manda en el grado en un intento de reproducir el modelo de las esquinas del barrio en las aulas. Esto también podría ser la necesidad de encontrar seguridad, la manifestación de sus temores, no mostrarse vulnerables y desprotegidos. Pero a la vez también nos demuestra los valores y referentes que tienden a seguir.

 

Las situaciones mencionadas no solo suceden en las escuelas denominadas “urbano- marginales” sino que está generalizado en el sistema escolar. Paulo Freire tiene una postura dura  para los que usan el término marginal y dice, “…. yo hago restricciones al concepto de marginalización. Yo creo que el concepto de marginalización es, como muchos otros, un concepto que dulcifica, ameniza y esconde, oculta una verdad; por eso yo hablo de una desocultación de la verdad o de verdades. Este concepto marginalización me parece que hace esto. En lugar de marginalizados, yo hablo de oprimidos, de ofendidos, de robados. Hablo con Ana María de quien soy marido, de interdictados, que es un concepto, una categoría conceptual que ella estudia  en sus investigaciones sobre la historia de la educación brasileña. Los prohibidos, interdictados (hay también en español una palabra interdicción).”. Desde esto postura se amplía el concepto de marginal más allá de lo que por lo general creemos que significa y nos da la idea de que es posible generar políticas que podrían ser aplicadas a todo el sistema de educación a fin de cambiar conductas. Lo cierto es que no es un problema de los sectores populares, aunque si tenemos que reconocer que es donde esta más agudizado este flagelo. Quizás si nos acercáramos a las familias, podríamos encontrar respuestas, que nos permitan generar estrategias positivas.

 

Las familias disfuncionales, las ausencias de los padres, merecen un análisis mucho más amplio. Lo cierto es que está presente y también influye en las relaciones padre-hijo, alumno–docente, padre-escuela.

La economía también juega un papel importante, porque muchos padres tienen dos o tres trabajos para poder sostener el hogar. Otros son desocupados, algo preocupante, porque trae aparejado que ante la necesidad los niños deban salir a trabajar y por ende tienen bajo rendimiento escolar y en la mayoría de los casos llegan a la deserción escolar. También se produce el fenómeno, de que los padres no asistan a las reuniones o convocatorias propuestas por la escuela. Esto complica la comunicación padres-escuela.

 

La comunicación también es importante dentro de la problemática de la violencia. Ella es compleja. Es un proceso donde encontramos un mensaje, un canal, un código que muchas veces se obstaculiza cuando el mensaje no es claro o los códigos no son iguales o no se decodifican. Puede ser confuso interpretar mal este concepto. Las palabras, los gestos, el silencio, la presencia, la ausencia,  incluso las reacciones violentas en los juegos de los niños, son formas de comunicación. Esto también nos permite hipotetizar que los chicos han desarrollado nuevos códigos para comunicarse. La pregunta que debemos hacernos es ¿Conocemos esos códigos? ¿Los entendemos? Estos códigos también afectan a los padres ¿Qué quieren decir con sus ausencias?  No se pregunta el por qué de la ausencia o si llegó el mensaje.

 

Por lo general cuando los padres son convocados por la escuela es sólo para “comunicarles” el rendimiento o comportamiento de sus hijos. ¿Qué parte de ese proceso de la comunicación está roto? Probablemente los horarios no sean lo suficientemente flexibles o el espacio físico no sea propicio para un distendimiento, como para que los padres estén cómodos y no en permanente guardia de ser examinados.

Aquí vemos otro desafío: la aparente ausencia de los padres. Esto tenemos que plantearlo con mucho cuidado, no se trata de echar culpas, hay que repensar el por qué de esa ausencia.

En lo personal creo que se deben generar estrategias que permitan acortar esa distancia.

 

Hoy, las estrategias de resolución que plantea el sistema escolar son variadas e ingeniosas. Algunas son muy efectivas y otras no tanto, pero lo que cuenta y es destacable, es el protagonismo que ha adquirido la escuela. El maestro/a ha tenido que modificar su rol. Por momentos es maestro/a, pero en otros es padre/ madre, protector/a y en otros pone límites. Hablar de logros es prematuro porque el proceso es lento de aprehender, tiene avances y retrocesos.

 

Desde la psicología social el aprehender esta ligado al concepto de salud, a la creatividad, Pichón Rivière sostiene:”El sujeto es sano en tanto aprehende la realidad en una perspectiva integradora, y tiene capacidad para transformar esa realidad, transformándose a la vez el mismo…. Está activamente adaptado en la medida que mantiene un interjuego dialéctico con el medio...”Si ese interjuego transformador deja de ser, el sujeto deja de estar sano. Se concibe al aprendizaje como un proceso de construcción social. Esta se logra desde la interacción, el interjuego dialéctico, los vínculos, las necesidades del sujeto se satisfacen en sociedad. El aprendizaje es la apropiación instrumental de la realidad para transformarla, es un encuentro entre el sujeto y la realidad.

 

Estos vínculos, necesidades, construcción social, aprendizaje, es de todos y es parte de toda la sociedad. Por tanto es importante tomar conciencia que no lo lograremos sino aunamos fuerzas para poder decodificar las nuevas necesidades de los chicos, las nuevas necesidades de la escuela. Chicos que son alumnos, y que serán los referentes de la generación que les sigue y si nosotros que estamos identificando el problema no nos transformamos en protagonistas del cambio, no podremos proporcionar las soluciones. Y este problema terminará por afectar a nuestra familia, por el simple hecho ser parte de esta sociedad.

 

 

Gustavo Toledo

Director Programa Sadoc